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LEISHMANIOSIS CANINA
Autor: Jordi Cairó
La leishmaniosis canina
es una enfermedad parasitaria
producida por un protozoo del género
Leishmania.
En España la especie
responsable es L.
infantun que aparte del
perro y con menor frecuencia,
afecta también al zorro y al
hombre. Excepcionalmente se han
citado infecciones en rata. ( 3
,5,17,34,35,52,58).
Esta
enfermedad representa un reto
para el veterinario clínico por
la dificultad de obtener una
curación rápida y definitiva,
lo que obliga a prescribir
tratamientos de larga duración
y someter al animal a controles
periódicos de por vida. (6,28).
En
la actualidad es un tema de
investigación por el elevado número
de animales afectados en zonas
endémicas, el aumento de la
prevalencia, su comportamiento
oportunista cuando afecta al
hombre, así como el
desconocimiento de algunos
mecanismos de desarrollo de la
enfermedad. (4,10,47,62).
En
España, diferentes autores,
mediante métodos de tipificación
enzimática, han aislado varios
zimodemas en los diversos
hospedadores, perteneciendo
todos ellos a la especie Leishmania
infantum. En el perro el
cuadro clínico se caracteriza
por gran diversidad de síntomas
y lesiones, dependiendo del
grado de infestación, del
estado inmunitario del
hospedador, del tiempo de
evolución de la enfermedad y de
los órganos afectados.
(9,38,47).
En
el hombre se describe una forma
de leishmaniosis cutánea
localizada en el lugar de
inoculación del parásito por
el flebotomo, (denominado Botón
de Oriente) y una forma visceral
con diseminación del parásito
por vía hemática que afecta
a órganos internos o a
zonas mucocutáneas. (40,52).
En
1991, Vidor y colaboradores
basándose en un trabajo
experimental describieron por
primera vez la lesión de
primo-infección, en el
perro, en la forma de chancro de
inoculación, que es igual a la
descrita en leishmaniosis
humana. Aparte de esta lesión
de primo-infección en la
leishmaniosis canina siempre
existe en mayor o menor grado
una afectación visceral con o
sin presencia de lesiones cutáneas.
En estos casos el parásito
llegará a la piel por vía hemática
procedente de órganos internos.
( 17,19,62).
ETIOLOGIA
Taxonómicamente
Leishmania
infantum se
clasifica como:
Phylumm
Protozoa
Subphylum
Sarcomastigophora
Clase
Zoomastigophorea
Orden
Kinetoplastida.
Familia
Trypanosomatidae
Género
Leishmania
Las leishmanias son parásitos
que presentan dos formas
evolutivas fundamentales:
amastigote en el hospedador
vertebrado y promastigote en el
vector (flebótomos).La forma
amastigote se encuentra en los
macrófagos y células del
sistema reticuloendotelial de
los vertebrados. Tiene una
morfología ovoide con un tamaño
que oscila entre 3 y 5 m.
El citoplasma contiene en su
interior un núcleo redondeado,
cinetoplasto muy visible y un
pequeño cinetosoma puntiforme y
poco visible. ( 3 ,7 )
Las
leishmanias se tiñen bien
mediante el método Diff-Quick;
el citoplasma se colorea violeta
claro; el cinetoplasto y el
cinetosoma en rojo oscuro. ( 3
).
La
forma promastigote está
provista de flagelo, es
extra-celular y prolifera en la
parte media del intestino de los
dípteros. Después de una fase
de mutiplicación las
leishmanias migran hacia las
partes anteriores y bucales del
tubo digestivo. Esta migración
se acompaña de un proceso de
diferenciación: se forman los
promastigotes metacíclicos que
son muy infectivos para los mamíferos.
La virulencia de los
promastigotes metacíclicos es
debida en parte a su resistencia
frente a los mecanismos
microbicidas de los macrófagos
en los mamíferos infectados.
(48).
El
ciclo evolutivo de la leishmania
se inicia cuando un flebotomo
hembra ingiere mediante
picadura, sangre con amastigotes
de un animal infectado. Estos se
transforman en promastigotes en
el intestino medio del flebotomo.
Luego migran hacia la faringe
del mosquito y serán inoculados
durante la picadura a un nuevo
vertebrado. (48,54).
El
metabolismo energético de los
amastigotes consiste en una
glucolisis. En caso de carencia
de glúcidos, las leishmanias
aceleran su metabolismo protéico
y efectúan un proceso de
neoglucolisis
a partir de aminoácidos
por transaminación. Los
inhibidores del catabolismo de
los glúcidos (estilbenos)
tienen una actividad
leishmanicida. (8).
Las
leishmanias son incapaces de
sintetizar las purinas,
necesarias para su desarrollo.
Por ello, los análogos de las
purinas tienen propiedades
leishmanicidas (alopurinol). El
conjunto de enzimas que
intervienen en el metabolismo
glucídico de las leishmanias es
muy importante para
establecer una correcta taxonomía
y conocer la epidemiología.
(8).
La
multiplicación de las
leishmanias se produce por fisión
binaria longitudinal. Los
amastigotes se multiplican en el
interior de una vacuola parasitófora
que finalmente estalla.
Finalmente la célula
parasitada se rompe y libera las
formas amastigotes que van a
penetrar por fagocitosis en el
interior de otras células
mononucleares. Aún cuando la
fisión binaria es la forma
habitual de división, tanto
para amastigotes como
promastigotes,se ha documentado
la posibilidad de
una multiplicación de
tipo sexual. ( 3 ).
Los
flebotomos o beatillas son
insectos dípteros que actúan
como vectores en la transmisión
de la leishmaniosis canina y
humana. Pertenecen a la familia
de los psicódidos y constituyen
la subfamilia de los
flebotomidos; su tamaño es muy
pequeño, oscila
entre 2 y 3 milímetros,
lo que les permite burlar con
facilidad las telas mosquiteras.
Tienen un color parduzco y
generalmente pasan inadvertidos.
Su distribución está
relacionada con el clima
templado y cálido (clima
Mediterráneo). En el ambiente
natural los adultos viven
durante el día en las grietas
de las rocas y troncos de los árboles.
Las larvas se desarrollan en
lugares en los
que hay materia orgánica
en descomposición. Algunas
especies se han adaptado a la
vida doméstica, encontrándose
en casas, cuadras, establos,
jardines y alcantarillas. Aquí
también encuentran alimento y
protección. ( 3 ,53).
Los
flebotomos ponen huevos de forma
alargada, cuyo tamaño oscila
entre 0,2 y 0,3 milímetros. Las
larvas tienen una morfología
parecida a una pequeña oruga.
La evolución de estas larvas
pasa por cuatro estadíos. ( 3
).
Al
término del desarrollo mudan y
se transforman en pupa. Las
hembras se alimentan de sangre,
los machos de zumos azucarados.
La picadura es silenciosa, de
unos cinco minutos de duración;
suelen picar generalmente en
horas de escasa o nula
luminosidad. No son activos a
temperaturas inferiores a 15º.
En general son poco voladores y
sus desplazamientos raramente
alcanzan 1 o 2 kilómetros si no
son favorecidos por corrientes
de aire. Son más activos en días
de calma. En climas templados su
actividad va desde principios de
verano a finales de otoño
(mayo/octubre). La cópula la
realizan al día siguiente de la
eclosión. El período de
incubación dura de 10 a 12 días;
no es necesaria el agua para su
desarrollo, solamente una fuerte
humedad es suficiente para
la
puesta que la hembra
realiza en lugares con materia
orgánica en descomposición y
con cierta oscuridad.
La
eclosión de las larvas varía
de cinco a quince días,
dependiendo de la temperatura.
El paso de huevo a adulto en
condiciones óptimas de
temperatura, humedad y alimento
se completa en unos cuarenta días,
aunque este plazo de tiempo es
variable dependiendo del clima y
las especies. ( 3 ,34,53).
Las
especies de flebotomos que
intervienen en la transmisión
de la leshmaniosis son en España
P.ariasi,
y P.perniciosus. (37).
La
transmisión de la leishmaniosis
en los vertebrados se realiza
siempre por la picadura de un
vector, el flebotomo. De forma
excepcional puede haber
transmisión de la enfermedad a
través de transfusiones sanguíneas,
aunque esta vía no tiene
ninguna importancia epidemiológica.
(53).
PATOGENIA
El flebotomo inocula en
la piel del perro los
promastigotes durante la
picadura. El éxito de la
infección reside en la rápida
fagocitosis por los macrófagos
y transformación en amastigotes,
que resisten mejor los
mecanismos de defensa celular.
(7,8).
La
respuesta del hospedador se
traduce en una serie de
alteraciones en el sistema
inmunitario que conducen a una
inmunosupresión. Estos
mecanismos están basados en los
procesos de inducción que se
producen sobre los linfocitos T
auxiliares, la sensibilización
de los macrófagos y la acción
de ciertas citotoxinas (MAF, IFN
gamma)
La
inmunosupresión proviene de la
existencia de linfocitos T
supresores, de linfocitos T
auxiliares, una hipereactividad
y el efecto de algunas
citotoxinas. ( 3 ,38, 45, 46 ).
Las
consecuencias patológicas que
se producen en el animal enfermo
son debidas a los parásitos y a
la respuesta del hospedador.
En
el lugar de inoculación se
puede producir una lesión o
chancro de inoculación. Es lo
que en el perro denominaremos
Leishmaniosis Cutánea
Localizada. Esta lesión es
siempre asimétrica y presenta
tres fases bien diferenciadas:
fase precoz, caracterizada por
una lesión eritemo-escamosa de
10 a 15 mm de diámetro rodeada
por un anillo edematoso, fase
intermedia, úlcero-costrosa con
un tamaño de 2 a 3 cm de diámetro,
y fase precicatricial, que
precede a la desaparición
definitiva de la lesión. (8,59,
62 ).
Las
lesiones en la leishmaniosis cutánea
localizada se sitúan por lo
general en la cabeza: morro,
hocico, borde externo y cara
interna de las orejas. Aparecen
de uno a seis meses después del
período de actividad de los
flebotomos (2,7 +/- 1,3 meses
despues del período de infección)
que corresponde a un tiempo
medio de incubación de 6 meses
aproximadamente. Persisten de
tres a nueve meses antes de
desaparecer y la duración media
es de 6 meses. (49,62).
En
un 25% de los perros que
presentan seroconversión no se
ha
podido detectar de forma
visible el chancro de
inoculación. Por el contrario,
un 25% de los animales que
presentan chancro de inoculación
no presentan posteriormente una
seroconversión. (62).
Con
posterioridad
a esta lesión localizada
descrita anteriormente se
produce
una extensión orgánica
de la infección por vía hematógena
llegando al bazo y al hígado y
generalizándose por vía sanguínea
y linfática. (30).
En
el perro las leishmanias
raramente se observan en sangre.
Los órganos que poseen células
linfoides y macrófagos son los
que se afectan con mayor
frecuencia ( ganglios linfáticos,
médula ósea, bazo). (30).
El
desarrollo de la leishmaniosis
en el perro depende de numerosos
factores. La receptividad de los
animales es muy variable; los
niveles de infección en algunas
razas puras son más elevados en
relación a los perros cruzados
autóctonos. Antes de la fase de
diseminación o después del
tratamiento en algunos animales
no se desarrolla infección y se
produce una curación. La duración
del período de incubación varía
de 3 a 5 meses hasta varios años.
( 3 ,8).
Cuando
la fase cutánea localizada ha
sido superada, la diseminación
visceral resulta evidente. La
gravedad y la velocidad de la
evolución
está entonces
relacionadas con el grado
e intensidad de la respuesta
inmunitaria, fundamentalmente
humoral. La leishmaniosis se
transforma entonces en una
enfermedad de inmunocomplejos.
La abundancia de medios mediante
los cuales estos parásitos son
capaces de librarse de los
mecanismos inmunitarios explica
las dificultades que existen
para que el tratamiento sea
efectivo y definitivo, al igual
que el poder establecer unos
planes de inmunización
preventiva eficaces. (8,62).
SINTOMAS
CLINICOS
La sintomatologia clínica
es muy variada dependiendo del
grado de infestación, el estado
inmunitario del hospedador, el
tiempo de evolución y los órganos
afectados. (9).
Los
animales afectados de
leishmaniosis cutánea
localizada examinados en la
consulta presentaron
generalmente una sola lesión
nodular ulcerada de 2-3 cm de
tamaño localizada
preferentemente en la cabeza
(hocico, morro, orejas), de
color rojizo y asimétrica.
Cuando
ha sido superada esta fase
inicial de infección y se ha
producido una extensión de la
enfermedad a las visceras, las
manifestaciones
clínicas son muy variadas,
presentando uno o más de los
siguientes signos:
(9,11,15,17,18,41,50,56,59).
1-Pérdida
de peso
2-Adenopatías
3-Esplenomegalia
4-Lesiones
cutáneas
5-Epistaxis
6-Lesiones
oculares
7-Complicaciones
renales
8-Cojeras
9-Transtornos
gastrointestinales
1O-Insuficiencia
hepática
11-Transtornos
del equilibrio
12-Alteraciones
hematopoyéticas
Se han detectado parásitos
en todos los órganos del
cuerpo, incluído el S.N.C. a
nivel de los plexos coroideos
produciendo alteraciones del
equilibrio. ( 43 ).
En
las alteraciones de la piel hay
que diferenciar las lesiones cutáneas
localizadas y las generalizadas.
A las primeras se las denomina
Leishmaniosis Cutánea
Localizada. Corresponde al punto
de inoculación del parásito
por la picadura del flebotomo.
Son lesiones asimétricas,
generalmente en la cabeza, de
forma nodular eritematosa o
ulcerativa (Chancro de inoculación).
Una vez superada la fase inicial
localizada
se produce una diseminación
generalizada en diferentes órganos.
Esta infección afecta a la piel
de entre un 40-70% de los
animales enfermos, pudiéndose
explicar así el aspecto
bilateral y más o menos simétrico
de los síntomas clínicos. Las
lesiones cutáneas generalizadas
corresponden a la visceralización
de la infección. Son lesiones
simétricas y no pruriginosas.
Se caracterizan por
descamaciones epidérmicas y
alopecia difusa, en especial en
la cabeza. También pueden
aparecer lesiones ulcerativas (
interdigitales, zonas mucocutáneas)
nodulares
(frecuentes en el Boxer)
o dermatitis pustular.
Ocasionalmente, se han
descrito lesiones cutáneas
de despigmentación nasal,
hiperqueratosis nasal,
hiperqueratosis plantar y placas
eritematosas. La dermis presenta
un proceso inflamatario moderado
(infiltrado linfoplasmocitario)
con macrófagos albergando
leishmanias en su citoplasma.
También se producen en la
dermis depósitos de
inmunocomplejos e
inmunoglobulinas. (15,19,62).
La
pérdida de apetito y de peso
pueden evolucionar hacia la
caquexia del enfermo. Este
estado patológico parece ser
debido a varios factores: déficit
de aporte (anorexia, lesiones y
transtornos digestivos),
alteraciones metabólicas
(lipídicas y protéicas),
aumento de las necesidades órganicas
(síntesis de inmunoglobulinas)
y pérdida de proteínas a nivel
renal. (9,11).
Otra
causa importante de la caquexia
por leishmaniosis parece ser
debida al factor de necrosis
tumoral (F.N.T.).
Se ha demostrado a nivel
experimental en el hámster con
Leishmaniosis que los macrófagos
del bazo segregan una cantidad
muy elevada de F.N.T. En el
hombre con leishmaniosis
visceral los niveles de FNT son
muy elevados y disminuyen rápidamente
con el tratamiento y la curación.
(8).
Las
adenopatías se presentan de
forma localizada o generalizada.
Se producen como consecuencia de
un aumento del número de las células
macrófagas y una disminución
linfocitaria.
El aumento del tamaño
del bazo se debe a un desarrollo
de la pulpa roja (macrófagos y
plasmocitos) y reducción de los
linfocitos. Estas alteraciones
corresponden a un descenso de la
respuesta inmunitaria de mediación
celular. ( 3 ).
En
el hígado las leishmanias son
captadas por las células de
Kuppfer y determinan la formación
de granulomas. En general, sólamente
en fases terminales de la
enfermedad se produce una
verdadera afectación hepática
evidenciada con el aumento de
los enzimas hepáticos. (13).
La
pérdida de proteínas por orina
es un síntoma clínico
frecuente en la leishmaniosis.
Las alteraciones renales
pueden ser debidas a depósitos
de inmunocomplejos circulantes,
a la proliferación de parásitos
en las células mesenquiales o a
los efectos tóxicos de los resíduos
metabólicos presentes en el
suero. (41,42).
Todo
ello puede producir una
glomerulonefritis endotelio-
mesangial aguda. Esta lesión
puede ser reversible en una
primera fase. Si el estímulo
antigénico persiste puede
evolucionar a una
glomerulonefritis proliferativa
con alteración de la membrana
basal y glomérulos renales de
carácter irreversible,
determinando un cuadro clínico
de insuficiencia renal asociada
a anemia de muy mal pronóstico.
(23,41,42).
Las
manifestaciones oculares se
caracterizan por un predominio
de las lesiones inflamatorias
del segmento anterior sobre los
del segmento posterior. La
inflamación en el segmento
anterior puede producir
conjuntivitis, queratitis y uveítis,
siendo las formas asociadas las
más frecuentes. A nivel del
segmento posterior se puede
producir hemorragias de retina,
corioretinitis y desprendimiento
de retina. Las complicaciones más
graves aparecen en las formas
evolutivas. También pueden
presentarse úlceras,
queratoconjuntivitis seca,
cataratas y glaucoma. La
existencia de estas últimas
lesiones empeora
considerablemente el pronóstico
de la enfermedad. (50,56).
Las
lesiones oculares no están
relacionados con la gravedad de
la leishmaniosis visceral. Estas
lesiones pueden persistir después
del tratamiento de la enfermedad
y una remisión significativa de
los niveles de anticuerpos. En
los casos de uveítis el estudio
de los niveles de anticuerpos e
inmunoglobulinas del suero y el
humor acuoso no permite afirmar
que exista una producción local
de anticuerpos. Parece mas
probable que las manifestaciones
clínicas oculares sean debidas
al papel que desarrollan los fenómenos
inmunitarios a nivel local.
(50,56).
La
epistaxis se presenta en los
perros con leishmaniosis. A
veces es un signo clínico muy
precoz. Actualmente no se conoce
el mecanismo
íntimo por el cual se
produce el sangrado en la mucosa
nasal pero se cree que es debido
a trastornos en los mecanismos
de la coagulación (menor
agregación plaquetaria)
asociados a lesiones ulcerativas
e inflamatorias de la mucosa
nasal. (9,32).
En
las hembras reproductoras que
padecen un cuadro clínico poco
importante o asintomático, la
gestación produce un aumento en
número e intensidad de los síntomas
clínicos y las lesiones, siendo
entonces más propensas a
padecer una anemia e
insuficiencia renal. Por ello,
es difícil en un criadero
canino superar la leishmaniosis
manteniendo la faceta
reproductiva. ( 2 ).
DIAGNOSTICO
El diagnóstico
definitivo, siempre que sea
posible, lo basaremos en la
visualización e identificación
del parásito en la forma
amastigote, mediante citología
de médula ósea, ganglio o
impronta cutánea. Esta técnica
es la más específica, rápida
y de menor coste económico. El
inconveniente es que es positiva
en un 70-80% de los casos. En el
30-20% restante, los resultados
negativos no excluyen la
leishmaniosis. (41).
La
punción de médula ósea la
realizamos con el animal en decúbito
lateral, introduciendo de forma
oblícua una aguja hipodérmica
(9x25) en el extremo
distal de la parte óse |