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EL
CHANCRO DE INOCULACIÓN EN LA
LEISHMANIOSIS CANINA.
Autor: Jordi Cairó
La leishmaniosis canina es una enfermedad
parasitaria producida por un
protozoo del género Leishmania.
En España la especie
responsable es L.
infantun que aparte del
perro y con menor frecuencia,
afecta también al zorro y al
hombre.
Esta
enfermedad representa un reto
para el veterinario clínico por
la dificultad de obtener una
curación rápida y definitiva,
lo que obliga a prescribir
tratamientos de larga duración
y someter al animal a controles
periódicos de por vida.
En el perro, el cuadro clínico
se caracteriza por gran
diversidad de síntomas y
lesiones, dependiendo del grado
de infestación, del estado
inmunitario del hospedador, del
tiempo de evolución de la
enfermedad y de los órganos
afectados.
En
el hombre se describe una forma
de leishmaniosis cutánea
localizada en el lugar de
inoculación del parásito por
el flebotomo, (denominado Botón
de Oriente) y una forma visceral
con diseminación del parásito
por vía hemática que afecta
a órganos internos o a
zonas mucocutáneas.
En
1991, Vidor y colaboradores, basándose
en un trabajo experimental,
describieron por primera vez la
lesión de
primo-infección en el
perro, en la forma de chancro de
inoculación, que es igual a la
descrita en leishmaniosis
humana. Aparte de esta lesión
de primo-infección, en la
leishmaniosis canina siempre
existe en mayor o menor grado
una afectación visceral con o
sin presencia de lesiones cutáneas.
En estos casos el parásito
llegará a la piel por vía hemática
procedente de órganos internos.
Vidor
y colaboradores para realizar su
estudio experimental
introdujeron a 50 perros de raza
Beagle, libres de toda
enfermedad, en una estación
situada en el epicentro de la zona endémica de leishmanias en la parte alta del
valle del Hérault, en le región
de Cévenes meridionales, a 460
metros de altitud, cuyo clima
general es Mediterráneo húmedo.
Esta
experiencia les permitió
describir por primera vez las
características del chancro de
inoculación de la leishmaniosis
canina, estudiando su forma de
presentación, incidencia y
posterior evolución clínica.
En
el lugar de inoculación se
puede producir una lesión o
chancro de inoculación. Es lo
que en el perro se denomina
Leishmaniosis Cutánea
Localizada. Esta lesión es
siempre asimétrica y presenta
tres fases bien diferenciadas:
fase precoz, caracterizada por
una lesión eritemo-escamosa de
10 a 15 mm de diámetro, rodeada
por un anillo edematoso; fase
intermedia, úlcero-costrosa con
un tamaño de 2 a 3 cm de diámetro,
y fase precicatricial, que
precede a la desaparición
definitiva de la lesión.
Las
lesiones en la leishmaniosis cutánea
localizada, se sitúan por lo
general en la cabeza: morro,
hocico, borde externo y cara
interna de las orejas. Aparecen
de uno a seis meses después del
período de actividad de los
flebotomos (2,7 +/- 1,3 meses
después del período de infección)
que corresponde a un tiempo
medio de incubación de 6 meses
aproximadamente. Persisten de
tres a nueve meses antes de
desaparecer y la duración media
es de 6 meses.
En
un 25% de los perros que
presentan seroconversión no se
ha
podido detectar de forma
visible el chancro de
inoculación. Por el contrario,
un 25% de los animales que
presentan chancro de inoculación
no presentan posteriormente una
seroconversión.
Con
posterioridad a esta lesión localizada descrita anteriormente, se produce
una extensión orgánica
de la infección por vía hematógena
llegando al bazo y al hígado y
generalizándose por vía sanguínea
y linfática.
En
el perro, la forma amastigote de
las leishmanias raramente se
observan en sangre. Los órganos
que poseen células linfoides y
macrófagos son los que se
afectan con mayor frecuencia (
ganglios linfáticos, médula ósea,
bazo).
El
desarrollo de la leishmaniosis
en el perro depende de numerosos
factores. La receptividad de los
animales es muy variable; los
niveles de infección en algunas
razas puras son más elevados en
relación a los perros cruzados
autóctonos. Antes de la fase de
diseminación o después del
tratamiento en algunos animales
no se desarrolla infección y se
produce una curación. La duración
del período de incubación varía
de 3 a 5 meses hasta varios años.
.
Cuando
la fase cutánea localizada ha
sido superada, la diseminación
visceral resulta evidente. La
gravedad y la velocidad de la
evolución
está entonces
relacionadas con el grado
e intensidad de la respuesta
inmunitaria, fundamentalmente
humoral. La leishmaniosis se
transforma entonces en una
enfermedad de inmunocomplejos.
La abundancia de medios mediante
los cuales estos parásitos son
capaces de librarse de los
mecanismos inmunitarios explica
las dificultades que existen
para que el tratamiento sea
efectivo y definitivo, al igual
que el poder establecer unos
planes de inmunización
preventiva eficaces.
En
el año 1995
describimos cinco casos
clínicos con lesiones de
primoinfeccion en perros que
fueron presentados a la
consulta. Actualmente
describimos la evolución clínica
durante el período de dos años
de 8 perros afectados de
Leishmaniosis Cutánea
Localizada.
Estos
animales cumplían las características
siguientes: presentaban una o
varias lesiones
de Leishmaniosis Cutánea
Localizada en fase intermedia,
con una úlcera costrosa ( de 2
a 4 cm ) de diámetro; el diagnóstico
siempre fue por visualización
del parásito en fase de
amastigote, ya sea por impronta
cutánea y posterior tinción
con Diff-Quick o por biopsia e
identificación de las
leishmanias por inmuno-peróxidasa.
Las
demás pruebas de diagnóstico
empleadas en la clínica para el
diagnostico de la leishmaniosis
dieron todas resultado negativo:
punción de médula ósea, I.F.I.,
y proteinograma normal. En todos
estos casos el diagnóstico fue
de Leishmaniosis Cutánea
Localizada, es decir Chancro de
inoculación.
El
tratamiento que realizamos fue
la combinación de N-metil
glucamina a dosis de 75 mgr/k
S/C cada 24 H, con alopurinol 10
mgr/k V/O cada 12 H. El primer
tratamiento duró por término
medio 35 días, tiempo en que
remitieron las lesiones
descritas
y el segundo, se prolongo
durante 4 meses.
En
todos los animales aquí señalados,
realizamos el control durante
los dos años mediante exámenes
clínicos y analíticos con una
periodicidad trimestral, para
detectar una recidiva de las
lesiones o una generalización
de la enfermedad. En ninguno de
los 8 perros estudiados hasta el
momento hemos observado ningún
signo clínico ni analítico
compatible con
esta enfermedad. Una vez
finalizado el tratamiento, ningún
perro recibió fármaco
leishmanicida alguno.
DISCUSIÓN
Es
difícil para
nosotros poder comprender
el por que no recidivan los
perros tratados de la lesión de
primo-infeccion ( Chancro de
inoculación ). Una posibilidad
sería que los animales con
Chancro de inoculación
desarrolasen un tipo de
inmunidad especial que
determinara el autocontrol de la
lesión de primoinfeccion
evitando la diseminación de la
enfermedad.
Esta
posibilidad podría estar en
contradicción con el trabajo
experimental de Vidor y col, en
el cual se establece que en los
animales no tratados con lesión
de primoinfeccion en un 75% de
los casos se disemina la
leishmaniosis. Tan solo en un
25% no la desarrollan, produciéndose
autocuraciones resolutivas sin
tratamiento alguno.
Al
ser la leishmaniosis normalmente
una enfermedad
de curso lento con
periodos de incubación muy
variables que oscilan de varias
semanas hasta varios años y
también debido a la dificultad
de diferenciar reinfestaciones
frente a recidivas, se hacen
necesarios varios estudios
experimentales y clínicos con
un numero de animales elevado y
varios años de seguimiento clínico
en condiciones estándar.
A
nuestro entender, el diagnostico
de una o varias lesiones cutáneas
de primoinfeccion en la
leishmaniosis canina de forma
precoz, tiene un gran interés
practico. Posibilita la
instauración de un tratamiento
adecuado en una fase muy
temprana de la enfermedad,
anterior a la diseminación del
parásito en el organismo del
perro y con unos resultados
tangibles para el control de
esta patología.
Posteriores
estudios multicentricos con un
numero mayor de perros y una
duración también mayor deberán
reafirmar o contradecir la
sospecha de que si tratamos el
animal en fase de primoinfeccion
( Leishmaniosis Canina
Localizada ) evitamos la
progresión y diseminación de
la enfermedad, produciéndose la
“curación” del perro.
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